Por qué debo sonreír todos los días

Sonreír todos los días porque la vida nos recuerda que somos un milagro.

 

Cuando sonreímos al mundo, este nos retribuye con amor y bondad por medio de las personas o situaciones que llegan a nuestra vida, las personas que sonríen tienden a ser más positivas que el resto y no importa qué tan pesada sea la carga que esté llevando, siempre encuentra la forma de solucionar lo necesario.

Sonreír a la vida, he que nos llenemos de nobleza y amabilidad, todo resulta más sencillo; con ello, aprendemos a ser más agradecidos con lo que tenemos y con los demás, por lo tanto comprendemos la importancia de valorar eso que muchas veces por costumbre suele ser normal para nosotros, sin darnos cuenta lo afortunado que somos.

En el momento que empezamos a sonreír y lo convertimos en un hábito, nuestro entorno cambia junto con nosotros; el mundo sería otro si aprendiéramos a sonreír más y dejáramos las amarguras a un lado, pues todo se resuelve mejor siendo amables, no solo con las personas sino también con las situaciones.

Si valoramos y practicamos el hábito de sonreír todos los días, nos hacemos conscientes cómo el mundo cambia a partir de nosotros y entendemos que las cosas sencillas son las más hermosas, pues no hay nada más genuino que la simpleza, ya que en ellas puedes encontrar maravillas inigualables.

Cuando sonríes al mundo, dejas salir a ese niño interno que te pide a gritos tomar una pausa para alegrarte con la vista, en ese momento te permites ser auténtico y honesto contigo y con el resto. Cuando sonríes a la vida, agradeces estar vivo y entonces comienzas a tomar las riendas de tu destino.

Sonríe a la vida y verás cómo ella lo retribuirá, sé amable con las personas, permítete disfrutar, vive los momentos y sé parte de algo nuevo cada día, así entenderás por qué las cosas buenas siempre se reciben con una sonrisa.

Autor entrada: positiadmin

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